viernes, 18 de octubre de 2013

Eres... Y... Y... Y.

A veces parece que huyo... Y casi logro desprenderme, de ti, mi vida. A veces no te siento, y sigo viva. A veces vuelves en cada latido, y llegas a gritos porque el silencio también suena, y haces que vibre mi alma, y... Y... Y.

A veces soy yo la repudiada, y te veo ahí... Parada... En la estantería, dividida en tantos títulos como libros en ella caben. Y me pregunto: ¿si se ha marchado por qué no duele?. Y miro atrás, y veo la cadena... Y no estoy suelta pero sí desatada... Y... Y... Y.

A veces lloro sin lágrimas. Porque las recoges antes de salir... Y me permites un suspiro, una noche, el insomnio. Y nada parece suficiente, porque certeramente, es suficiente. Y eres tanto cero como ocho tumbado. Y yo me cuelgo en tu trazo para que generes la palabra... Y lo haces, durante un rato... Hasta que me cedes el lápiz... Y... Y... Y.


A veces... Nunca sé quién soy, y me identificas por el antojo de mi mirada, y vuelves a elegirme como instrumento, como camino, como viaje, y como destino... Y caigo exhausta en un mar en calma, porque es difícil encontrar tu lugar si ya habitas en él, porque es difícil encontrarte si ya habito en ti, o tú en mi, o como quieras doncella... Tú siempre eliges, el momento, el lugar, el pulso exacto que te apetece cambiar... Y me marea el vaivén de esta nana eterna que me adormece, una vez más, para soñar despierta... Y eres tú, princesa, la que me repite: 'estoy aquí para que llores, y respires... ¡Y! Para que sepas que lo estás haciendo... Para que sangre tu herida, y se libere... ¡Y! Para que disfrutes de la corriente... Estoy aquí, y traigo tu cura conmigo... Para que sanes un instante..."














SIEMPRE TUYA, GAIA.