martes, 30 de julio de 2013

Alba.




Me cansé de gritarme frente al espejo, por lo visto pensar ya no me bastaba. Me cansé de reír entre líneas diluidas por las lágrimas. Me cansé de beber la vida... Me cansé, de perder la piel y huir en carne viva.

Ser, siempre quise ser, ser guapa, lista. ser rubia, pelirroja o castaña según el día. Yo, siempre quise ser el enanito mudo del cuento, el abrazo que llega sin pedir, la última hoja del árbol que pierde la ropa por la otoñal caricia.

Siempre quise ser; y en mi loco y absurdo empeño perdí mi norte, perdí mi sur... Ahora, no soy más que la copia barata de un barco ebrio que describió Rimbaud, la última huida inalcanzable de Baudelaire, la princesa triste de Rubén Darío, un pedazo de simpleza narrativa kafkiana y el imperio al fin de la decadencia, como hace tiempo Verlaine expresó.

Siempre ahogada, turbia, pálida... Siempre sosa, triste, rara... Siempre alma, cuerpo y Alba.







Yo, siempre tuya, Gaia.

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