domingo, 20 de enero de 2013

Mo(r)iras, tú.

Estaba sentada frente aquella inmensidad salvaje.
Estaba sentada, en el punto cero de mi misma, como una muñeca de débil cerámica; estaba sentada, en el punto cero de aquella bola de cristal. No había armoniosa agua a mi alrededor, claro que no, pero yo podía ver como las imágenes se vislumbraban turbias, deshechas, tal si hubiera tirado una piedra en el lagrimal, y las ondas aturdieran mi mirar... Allí, me cerré.
Sentí la corteza dura y áspera de aquel olivo, uno de los miles que podían estar allí, alimentándose de mi lamento, no importaba, más, siempre es posible un bien que por mal salga, y sabía qué era yo, allí, un animalito desamparado que no había perdido otra cosa que su razón de ser, inundado por lo que creía llamar realidad, y con el alma expandiéndose a cada segundo, atada con cuerda de espino: gritaba ella, y el oxígeno, no daba la talla, el corazón se me ahogaba.
Crecer, no era más que un tránsito mortal, y yo lloraba, porque no conocía otra vida más que la mía, y podía sentir como el viento me decía: "El tiempo sigue pasando y aún no has sabido que es vivir".




Estaba sentada, en el mismo lugar que antes, azorada por seguir allí fingiendo que era la única en el mundo, fingiendo que no me daba lástima, perdiéndome entre las cosas, que me habían hecho creer que eran buenas, sujetándome a ellas con la fuerza colosal que Cronos me había cedido, como si no tuviese vida que completar... Pero allí estaba, indignada, sin saber cuál de las tres, había decidido anclarme, sin saber por qué no cortaban ya mi vital hilo, ¿por qué seguían disfrazándome la vida?...
Aisa, contestó a mi socorro, entregándome la cizalla, como tregua en esta guerra, y acarició mi mejilla, recogiendo la esencia de mis lágrimas, prometiome una sigilosa muerte, y se marchó reclamándome la deuda de vivir.

Desperté acongojada del poco respirar, y de nuevo en la oscuridad, sin pensar en mis ensueños, sin pensar en mi realidad, desfalleció una parte de mi rabia abrazada a la cizalla, siendo esta mi oportunidad vital.






Siempre tuya, Gaia.