sábado, 26 de mayo de 2012

Copas y porros.

Traté de ahogar el sonido, moverlo y transformarlo en respuestas, traté de oír más, traté de escuchar mis gritos entre el ritmo, logré sentenciar mi propio silencio entre copas y drogas, pero las cadenas aún comprimían mis latidos, y mis pies de plomo permanecían sujetos en un suelo de débil cristal.

No sé qué volaba más, si mi mente o mi cuerpo, en cada pasillo, escondía tres o cuatro pensamientos, debajo del gotelé. Demasiada pena, demasiada música, demasiada soledad, ¿qué me lo impedía?, ¿qué me impedía salir a bailar?, yo. Entre todos y para nadie, ni tan siquiera una mirada interrogativa, ni un giro de cabeza para ver que estaba allí, que no formaba parte del mobiliario; egoísta, es egoísta no aceptar la humillación y sentir herido el orgullo, en ese caso, pequé millares de veces, además mentí, una, otra, otra y otra vez, jodida y sola, jodidamente sola.


-¿Qué te pasa?
-...


No tuve el valor de huir e irme a tiempo, esperé, esperé y esperé una conversación que no tratase de los grados en el alcohol, ni de los canutos que llevase encima, una cara que escuchase de verdad qué tal iba la noche, solo un "ven conmigo, vamos a pasarlo bien", uno cierto.

Nunca fue una retirada tan satisfactoria, ni tan gratificante, la fría brisa de vuelta a casa trajo la libertad, el escarmiento, no soy nadie al que se deba prestar atención, no soy nadie por ser nada, soy lo que soy para cada uno, soy opinión, soy crítica, soy soledad, soy aburrimiento, solo soy, si soy.

"Coge una paloma, métela en un gallinero, son pájaros, pero la paloma, necesita volar y será su necesidad, siempre."




Siempre, siempre tuya, Gaia.

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