lunes, 25 de julio de 2011

Y princesa, ¿quién lo permite?.

Señor Tiempo, permitame decirle que avanza demasiado lento, que crea arrugas en mis pensamientos. Señor Tiempo, avanza rápido, atraganta mis deseos. Señor Lugar, condiciona mis actos, cohíbe mis ilusiones. Señor Lugar, me obliga a actuar, libera mis demonios. Cabeza, deje de ordenarme que deje de llorar, deje de imponer mi relajación. Corazón, deje de doler, de sufrir, deje de pedirme a gritos que llore, deje de amar, de soñar, Corazón... Corazón deje de latir, pues no es vida lo que vivo.
 Vida... Vida... Deje de ser, váyase, huya de este cuerpo, no hay sangre en sus venas, ni aire en sus pulmones, hay dolor en su mirar, agonía en su latir, sin firmeza en sus pasos, debilidad en su caminar. No existe el equipaje, marcha sin girar la cabeza, no está segura, pero tampoco duda, sigue sin parar:

-¿Qué es lo que desborda sus luceros?
-Un mar bravío de sentir, incontrolado.
-¿Qué aletea sin reparo?
-La ilusión desbocada, liberada en una jaula.
-Y princesa, ¿quién permite que llore, que sueñe, que ame?
-Lo permite el destino, las señales que envió no eran suficientes, ni claras, ni definidas...

Señor Destino, no marque equivocaciones, no hiera corazones. Señor Destino, siga su camino, opte por lo correcto.

Gasté Risas, Abracé con Cariño, Imaginé Alas para Salir de aquí.








Siempre tuya, Gaia.