jueves, 26 de mayo de 2011

Ahí está la suerte, ve y cógela.



No me cortes las alas, ahora que aprendí a volar, después de tantas caídas, quién me curará, no me enseñaste hacerlo,  me dijiste: "Ahí está la suerte, ve y cógela"; no calles mi voz, ahora que aprendí a hablar, me prohibiste hacerme daño, pero no a los demás, partí de cero viviendo en mil pedazos, recogiste cada uno, los uniste por si acaso, pero tanto, tanto hiciste que creyera, que la felicidad es en mi, errante, casi efímera.

Vida eres mentira, no más que un envoltorio de sonrisas y alegrías, mi madre siempre dijo: "mira dentro, lo de fuera engaña" pero, mi yo niña dejó que las palabras se fueran como el aire que entra y sale, sin dejar huella, creías que me mentirías, creías que podrías hacerme pensar que la muerte es mi enemiga, pero tú, tú eres ella, que soplas los minutos, pateas los segundos, sin saber donde caerán.

¿Y que esperas?, ¿qué te agradezca?, ¿que te odie?, ¿que te maldiga?, ¿qué te quiera?, esperas que sonría, que llore, esperas que me caiga y que levante, esperas de mi más, menos de lo que yo espero de ti, podrías haber venido con instrucciones, haber dicho que eres un conjunto de errores, ¿se te olvidó?, eres traicionera, no avisaste.

No me enseñaste a vivir, solamente, esperabas que lo hiciera.




Gaia.

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