domingo, 19 de abril de 2015

Hoy he decidido cambiar, y en realidad, he decidido cambiarme. Nadie lee, y a nadie le afecta.
Nací y, hasta ahora, he vivido como una pluma cayendo, pendiente de lo que la vida iba trayéndome. No he movido ni un solo miembro del cuerpo por mi, no he sabido nunca ser así; espero, espero y hago todo eso que "debo hacer". Se ha implantado en mí el miedo, el miedo de vivir, el miedo de ser, el miedo de querer, el miedo de escribir.

Tenía cerca de tres años cuando me sentaba a escribir garabatos en una mesa pequeña. Y escribía sin saber escribir, en las recetas usadas del médico y con cualquier bolígrafo que encontrase en la habitación. Nací siendo esto y nunca lo supe. Crecí de actividad extra-escolar en actividad extra-escolar: baloncesto, ludoteca, piano, kajukembo... No encontraba mi lugar.

Sería curioso que dijera que es la primera vez que escribo sin llorar: Escribo sin llorar. Y no me malinterpreto, cuando escribo no lloro por dolor, ni físico ni de alma, no me duele el corazón ni la cabeza; no lloro por decepción, tengo casa, familia, amigos, muy buenos amigos, buenísimos amigos, e increíblemente he encontrado una persona que me hace reír, me hace reír cuando yo estoy hecha enteramente de lágrimas. Escribir me produce una explosión dentro del cuerpo, me emociono, respiro casi contando las inspiraciones, se me acelera el pulso y siento ese ardor en la garganta que grita: ¡LLORA!

Pero esta vez no.

He decidido cambiarme.

No sé qué escribir, y tampoco sé cómo. Sin embargo, sé quedarme mirando la página en blanco como el cristal de un escaparate, deseando esos zapatos nuevos que tan bien me quedarían con toda mi ropa negra. Con la miel en los labios y sin nada que decir. Es lo que tiene querer. Yo lo quiero todo, quiero el mundo entero, no materialmente hablando, pero me esfuerzo en ver un poquito más, en encontrar un algo en esa chica que va siempre en mi autobús, en las aceras de Madrid, en los atardeceres de mi casa, en el aire de Salamanca, en su cabeza...

¿Ves?

Vuelvo a las andadas.

De nuevo, llorando. (Porque prefiero vivir temiendo la vida, que escribir temiendo llorar. Que corran las lágrimas)



















Siempre tuya, Alba.